La sangre de Cristo, derramada en la cruz, es el precio que Él pagó por nuestro rescate. Nos reconcilió con Dios. Nos redime de nuestros pecados. Nos purifica. Nos santifica. Se establece un nuevo pacto que nos permite ser justificados ante Dios.
Mira la cruz, sus manos y sus pies sangrando clavados al madero. Su costado roto. Su cuerpo ensangrentado. Desde la cruz te grita: “En esta sangre hay perdón para ti.”
-Ramón A. Castro López, Pastor
Abril 2019